La Reforma de la Ley de Dependencia

Coincido con la Ministra Ana Mato en algunas de las afirmaciones que hace sobre el estado en que se encuentra la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a la Dependencia, bueno yo, y la mayoría de los profesionales de este país.

Además de criticar el laberinto normativo en que se ha convertido la ley, y la existencia de 17 marcos diferentes; bueno en realidad son 19 porque aquí en el País Vasco cada territorio histórico funciona de manera autónoma, la ministra carga tintas contra la prestación económica para el cuidado en el entorno familiar.

Dice la ministra que algo que iba a ser excepcional se ha convertido en norma, que no
ha servido para crear empleo y que genera dudas sobre la calidad de la prestación. Esto ya se lleva diciendo más de cinco años, pero está bien oírlo en boca de la ministra.

También se quejan desde el Ministerio de que hay más demanda de la que se preveía. Aquí el diagnóstico es claro, o se hizo mal la previsión, o se hizo mal la
herramienta (baremo) que mide la dependencia, o se está aplicando mal, ó las
tres a la vez.

Además de estar muy contenta por las conclusiones de la reunión, la ministra ha
calificado de “grandes avances” los acuerdos alcanzados en el Pleno, y ha
anunciado la creación de cuatro grupos de trabajo que expondrán sus
conclusiones a lo largo de este mes y que versarán sobre:

  • Baremo de valoración de la Dependencia.
  • Calidad y adecuación de la cartera de servicios y prestaciones a la situación de las personas dependientes.
  • Procedimiento de tramitación para el acceso a las prestaciones.
  • Aspectos económicos de la atención a la Dependencia.

Al margen de la fe que Ana Mato muestra en los resultados  que se obtengan en estos grupos de trabajo,  la ministra expresa su intención de avanzar hacia unos servicios sociales que, “bajo los principios de igualdad y calidad  en la atención, contribuyan a mejorar su eficiencia y su cohesión social en  beneficio de los ciudadanos”.

Yo creo que aquí se equivoca la ministra. Desde que surgió  la ley, algunas voces hemos opinado que la dependencia no es sólo un problema  social sino sobre todo un problema de corte sanitario, y que en consecuencia,  habría que implicar a Sanidad en esta atención. Habría que aprovechar la  coyuntura y avanzar por ahí.

Es momento de definir espacios “integrales”, “ventanillas únicas” y pensar en las necesidades de las personas dependientes, y desde estas necesidades articular soluciones, no al revés que es como se hace; desde mi estructura, desde mis departamentos ver que necesidades podemos atender.

No obstante, como hace poco me decía un cliente, peor no podemos estar, así que habrá que pensar que cualquier reforma que se haga no puede empeorar la situación.

Aunque como decía aquel, hemos tocado fondo, pero seguimos escarbando….

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¿Necesitamos una nueva ley de dependencia?

Cuando hace unos años iniciaron su andadura los primeros debates para poner en marcha una ley de atención a la dependencia, se abrió una ventana de esperanza para miles de familias y, seamos sinceros, para muchas entidades que habían invertido dinero y esfuerzo en la creación de unas infraestructuras que no terminaban de dar la rentabilidad esperada.

La ley  se mostró públicamente como el cuarto pilar del estado de bienestar, la creación de cientos de miles de empleos, la vanguardia de la nueva economía del envejecimiento, y la protección definitiva de todos nosotros cuando nos fallaran las fuerzas. Un poco altas las expectativas.

Todo esto trasladó a los inversores señales erróneas de resultados, lo que provocó la llegada de operadores sin experiencia, y desembocó en un crecimiento desordenado, heterogéneo y dispar, sin la adecuada planificación ni coordinación público privada.

Y en estas llegó la crisis. Entró despacio y sin hacerse notar, como un adolescente en la madrugada, pero le ha cogido el gusto a nuestra hospitalidad y no parece que tenga intención de irse.

Pasados algunos años de andadura de la ley, cuyas virtudes nadie discute, podríamos apuntar algunas cosas que probablemente ha llegado el momento de retocar:

  • No está suficientemente cerrado el sistema de valoración y por tanto, de acceso al sistema. La prueba más palpable es la gran diferencia entre Comunidades, que demuestra la existencia de un cierto rango de discrecionalidad en la valoración.
  • Tampoco existe una unidad de criterio en cuanto a las prestaciones. Han crecido de forma exponencial, como cabía prever, las prestaciones económicas al cuidador informal (para disgusto de operadores), y hay una gran disparidad en servicios como el SAD o los centros de día.
  • No hay un modelo de financiación adecuado a la dimensión del proyecto, y se dejó en manos de las Comunidades Autónomas la asunción de unos costes para los que se ha demostrado que no disponían de recursos.
  • Se ha asestado un duro golpe al modelo de asistencia privada, puesto que ha trasladado a la ciudadanía la errónea impresión de que esto era un servicio publico “todo incluido”, como la sanidad, cuando no lo ha sido nunca, ni probablemente lo será. Se hace necesario un debate clarificador sobre el copago y el papel que el patrimonio puede jugar en este ámbito.

En definitiva, las diferencias territoriales entre ciudadanos no se han reducido, la carencia de financiación pone en riesgo todo el sistema, y por cierto, la participación del usuario y su familia en la configuración del plan de cuidados es casi nula

Vivimos tiempos difíciles. Está en cuestión, no ya el cuarto pilar, sino el Estado mismo del bienestar. El sector empresarial de la dependencia se tambalea y los usuarios se refugian en casa a esperar que pase la tormenta de la crisis.

No hemos hecho todo el camino para esto. La atención a la dependencia es, debe ser, un derecho irrenunciable en un país moderno, sin diferencias entre territorios y con un mayor protagonismo del usuario y su familia.

Las personas dependientes y las que trabajan en su atención, se merecen al menos una reflexión.  Si no lo hecemos, todo el sistema podría convertirse en uno de los grandes damnificados de la crisis.

 

 

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Cuando el tamaño es un problema

En el equipo de baloncesto de mi hijo hay un par de chavales que superan los dos metros de altura, algo que cada vez es más frecuente, pero que, según confiesan sus padres, es problemático.

 Los padres de estos chavales se quejan porque, aunque cada vez hay más oferta, resulta difícil encontrar tallajes adecuados, y si los encuentras, los precios siempre son superiores. Aunque cada vez es más normal, hay problemas con el mobiliario de casa, la cama, las sillas, la mesa de trabajo. Parecido te ocurre con el coche, se queda pequeño. Y que no se te ocurra ir en avión, y menos en low cost, porque entonces es para cortarte las venas, vaya martirio.

Aunque indudablemente para el baloncesto el tamaño es fundamental, para otras cosas de la vida diaria el tamaño es un problema.

Pues algo parecido ocurre en el sector de los servicios sociosanitarios. Desde hace diez años, han surgido compañías que han insistido en que el tamaño iba a ser un factor competitivo fundamental, al igual que ocurría en otros sectores.

Algunos no lo teníamos tan claro, desde el momento cero hemos mantenido que en una actividad como esta, donde no se producen economías de escala, lo del tamaño es relativo, y me explico. Si tu eres un grupo que tiene 20 residencias, es probable que tengas más personal que si coges a 20 residencias, de diferentes propietarios y sumas el personal. Es verdad que obtendrás algunas sinergias, quizás puedas comprar la comida algo más barata, quizás puedes optimizar servicios jurídicos y de gestión de personal, pero poco más porque el personal que necesitas para la prestación del servicio es el que es, y está donde tiene que estar, en los centros. Tal y como yo lo veo, la gran fuerza de un grupo de 20 residencias debiera de ser de caracter comercial, pero no suele ser el caso.

Por contra, como está ocurriendo ahora, cuando tienes dificultades, el tamaño es un problema. Si tienes problemas de ventas, o si como suele pasar, una administración tarda un poco más en pagarte, tienes que hacer frente a muchas obligaciones con menos recursos, y quien te tiene que refinanciar te va a poner muchas pegas porque tienes “mucho riesgo”.

En estos últimos tiempos estamos viendo cómo algunos de estos grupos se tienen que deshacer de algunos activos, o renunciar a unos concursos que en su día les costó mucho ganar. Y como ocurre siempre, para todo roto hay un descosido, alguien aprovecha esta debilidad.

En el baloncesto, a los que tenemos hijos de talla normal, necesitamos y nos encanta tener chavales grandes en el equipo, aunque sea un poco molesto para sus padres. Pues en este sector ocurre lo mismo, los pequeños necesitan a los grandes, aunque sólo sea para verles tener problemas.

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Estigmatización

Estas Navidades he tenido la oportunidad de volver a ver una película que cuando se estrenó en el cine en el año 2008, me causó una grata impresión. Se trata de “El Gran Torino”, un drama dirigido y protagonizado por Clint Eastwood.

La película trata de un veterano de la guerra de Corea, un obrero jubilado del sector del automóvil que ha enviudado recientemente. Su máxima pasión es cuidar de su más preciado tesoro: un coche Gran Torino de 1972. Es un hombre inflexible y cascarrabias, al que le cuesta trabajo asimilar los cambios que se producen a su alrededor, especialmente la llegada de multitud de inmigrantes asiáticos a su barrio.

Cuando vi por primera vez la película, la anécdota a la que quiero referirme me pasó desapercibida, pero el otro día, teniendo como tenía fresca una conversación que habíamos mantenido con clientes del sector asegurador con los que habíamos estado hablando sobre la dificultad de vender productos y servicios a las personas mayores, la escena me pareció clarificadora.

En un momento de la película, cuando el protagonista cumple años, sus hijos, con los que no mantiene una gran relación, se le presentan en casa y le llevan de regalo_ unas pinzas para recoger objetos del suelo, un teléfono con teclas grandes y le llevan folletos de un resort para mayores en la costa para que vaya pensando en la posibilidad de ingresar allí. A los pocos minutos, los objetos y los hijos salen despedidos de la casa.

En esta breve escena, se aprecia con claridad cómo en muchas ocasiones, los productos que se diseñan y comercializan para mejorar la calidad de vida de las personas de edad, pueden resultar tremendamente estigmatizantes para las personas que los reciben si, como es el caso del protagonista, sigue viéndose como una persona vitalista y activa.

El equilibrio por satisfacer las necesidades para las que son concebidos los productos, sin caer en la estigmatización es un gran reto para fabricantes y prestadores de servicios, afortunadamente para los que nos dedicamos a tratar de buscar ese equilibrio.

Por cierto, Eastwood como casi siempre está sublime en la película, si tenéis un rato os recomiendo su visionado.

 

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Residencias 2.0

Si el nivel de desarrollo de un sector de actividad se mide por su presencia en internet, hay que reconocer que el sector sociosanitario está mal, pero que muy mal.

Entre un 70 y un 80% de los centros residenciales para personas mayores en España no tienen página web. De los pocos que la tienen, son testimoniales aquellas que tiene algun tipo de información actualizada y apenas ninguna que disponga de servicios avanzados (comunicar con residentes, dejar mensajes personales, recibir informes,..). No digo que no las haya, pero yo, no las he visto.

Entre los grandes grupos, el paisaje es igual de desolador, y esto tiene más culpa porque en teoria disponen de más recursos. La mayoría de ellos no actualizan su web, y muy pocos tienen actividad en las emergentes redes sociales como Facebook o Twitter. Novaire es una excepción a la regla, nuestras felicidades al equipo de Guillermo Bell.

Cada día más, los ciudadanos utilizan la red para buscar información, y los servicios sociosanitarios no pueden permanecer ajenos a esta realidad. Bueno, pueden hacerlo pero en ese caso va a ser el ciudadano el que les dará la espalda.

Con este panorama, desde GEROKON nos hemos atrevido a dar un paso más creando Residencias  2.0, un espacio donde familiares, usuarios y trabajadores de las más de 5.000 residencias que hay actualmente operativas en España puedan plantear sus opiniones y valorar los centros, algo que se hace ya en otros sectores como el hotelero. Ya sé que alguien me dirá que esto es un actividad distinta, que aqui no hay usuarios recurrentes, etc. etc. Pero, la realidad es tozuda y hasta para comprar una lavadora la gentre entramos en foros, hacemos  consultas y en general, buscamos opinión ¿Como no vamos a hacer algo parecido cuando tenemos que elegir un centro residencial para un familiar? No seamos ilusos.

Nos guste o no, en linternet se esta hablando y se va a hablar todavía más de nosotros y de nuestros centros.Obviar esta realidad puede suponer el golpe definitivo para más de uno.

 

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¿A quién dejo de pagar?

(Publicado en Sanimarket, noviembre de 2011)

Según ha denunciado la Federación de Empresarios de Atención a la Dependencia (FED) las diferentes comunidades autónomas para las que prestan servicios, residenciales y no residenciales, les adeudan la friolera de 1.268 millones de euros, 1.268.

La situación es insostenible, y aunque no es nueva porque hay algunas comunidades tradicionalmente reticentes a pagar en plazo, el cierre del grifo de la financiación por parte de los bancos ha agravado sustancialmente el problema siendo muchos los operadores que se están planteando el cierre, especialmente residencias y entidades de ayuda a domicilio.

En sectores industriales, cuando se llega a una situación de estas, lo más habitual es en primer lugar dejar de pagar impuestos, en segundo lugar, si se puede, a los proveedores, luego entidades financieras, servicios exteriores, al personal y en última instancia, suministros. A estos si no les pagas te interrumpen el servicio (luz, agua, gas,..) y entonces ya no puedes hacer nada, te tienes que ir a casa. La lógica por la que se rigen normalmente estas decisiones obliga a discernir entre quien te puede hacer daño y quien te puede matar, hay que ir identificando las diferentes amenazas.

Sin embargo, en el sector de atención a la dependencia esta lógica no funciona así. Por ejemplo, depende que tipo de servicio estés prestando puede darse la absurda situación de verte obligado a pagar impuestos a una administración que no te paga a tí lo que te debe.

En la ayuda a domicilio no hay más que costes de personal, lo demás es anecdótico. Si no tienes no puedes pagar al personal, y el personal aguantará hasta que aguante, normalmente poco teniendo en cuenta que se paga poco.

En el caso de las residencias, dependiendo de quién sea el propietario del edificio quizás puedas llegar a un acuerdo para minorar la cuota, en el hotelero se está haciendo de manera masiva, aunque aquí hay gente que tiene doble personalidad, propietario y gestor y lo que tiene que hacer es pagar al banco donde cabe poco margen de maniobra.

Los proveedores en este sector son también anecdóticos, pero puede darse el caso de que tengamos servicios externos como la restauración de la que no podemos prescindir, porque a estos efectos es un suministro más que puede ser cortado y paralizaría nuestra actividad.

Así pues, nos encontramos con que, al igual que en el caso de la ayuda a domicilio, más temprano que tarde, hay que dejar de pagar al personal.

Pedir a la gente que trabaje sin cobrar es mucho pedir y desgraciadamente, cada día es más frecuente.

Se está demostrando que aquellas entidades que desde siempre han mantenido un diálogo sincero con su personal están más capacitadas para afrontar esta situación en un proceso del que esperamos puedan salir reforzadas.

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Querido Mariano:

 

Querido Mariano:

Dicen las encuestas que a partir del próximo lunes te va a tocar a tí conformar el Gobierno que va a tener que afrontar el reto de sacarnos de esta crisis que, sin comerlo ni beberlo, nos ha llegado desde EE.UU. donde, al parecer, unos bancos no sé qué hicieron con unas hipotecas, que si las empaquetaron, que si luego aquí había una burbuja, que si nos ha reventado, que si no tenemos dinero, que si yo qué sé. Total, que en el polideportivo del pueblo ya sólo se puede jugar de día, porque el Ayuntamiento no tiene dinero para pagar la luz, y mi hijo que jugaba los sábados a la tarde el partido de baloncesto, ahora tiene que jugarlos los domingos a la mañana, y a ducharse a casa, que tampoco hay agua caliente. Un lío.

Yo entiendo que ahora vas a andar un poco liado: celebraciones, atender a ministrables, reuniones con los barones territoriales, nombramientos, recepciones, etc. etc. Luego tendrás que nombrar Gobierno, traspasar carteras, vacaciones de Navidad, los Reyes y de la que nos despistemos estamos en Carnavales. Me imagino que en este “intering” habrá alguna que otra manifestacion de funcionarios, sindicalistas reivindicando la abolición de la esclavitud, y algún despistado culpándote de la muerte de Manolete.

De la que tengas un rato, cuando vayas arreglando las cosas importantes, te agradecería eches un vistazo a eso de la Ley de Promocion de la Autonomía Personal y Atención al Dependiente. Se trata de una ley, no se si te acuerdas, que fue aprobada por unanimidad y que estuvisteis celebrando una temporada, salíais todos los partidos en los medios, en residencias, con gente en sillas de ruedas. Sí hombre, sí, es para los que están mal, seguro que te acuerdas.

Pues bien, ocurre que hay 1.569.738 personas (datos de noviembre del SAAD), que han solicitado se les reconozca que son dependientes y que se les conceda alguno de los servicios. De estos, hay 914.373 que, de lo malo malo, están recibiendo algún tipo de servicio o prestación económica. No sé muy bien qué ocurre con los otros 600.000 que, de momento, no reciben nada. Hay algunos que hablan del “limbo” de la dependencia, qué expresivo.

Algo menos la mitad de estos 914.373 dependientes reciben algún tipo de servicio que, mayoritariamente es prestado por entidades privadas. Algunas pocas son entidades muy grandes, pero otras muchas, -la gran mayoría-, muy pequeñas a las que las distintas administraciones no les pagan lo que les deben desde hace muchos meses y están teniendo problemas para pagar las nóminas porque, aunque parezca mentira, no han dejado de prestar el servicio.

De la que me arregles ésto, mírame, por favor, lo del polideportivo del niño. Parecerá una tontería, pero es mucho mejor que se duche en el polideportivo, nos deja el baño de casa perdido.

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Un cambio de cultura hacia una sociedad más generosa

Hace unos días, pudimos ver en el telediario un reportaje sobre el extendido, y cada vez más cuestionado, tema del uso de sujeciones en las residencias para personas mayores, en el que se descubrían casos reales de ancianos que, tras dejar de utilizar sujeciones con ellos, mejoraban completamente su salud, autoestima, autonomía…Y es que cada vez se dan más a conocer los efectos perjudiciales de ésta práctica y, por ello, se indaga y se investiga cómo poder sustituir esta forma de cuidado por otra más humana y beneficiosa.

En esta tarea podemos encontrar a la Fundación Cuidados Dignos, la cual nació ante la inquietud de un conjunto de profesionales del ámbito de la geriatría y la gerontología frente al excesivo uso de las sujeciones en España y el maltrato institucional que ello pudiera suponer, y con la intención de mejorar los cuidados a las personas dependientes, basando sus principios en el respeto, la ética, la atención individualizada y la calidad en la gestión.

La Fundación Cuidados Dignos pretende sensibilizar y promover el desarrollo de la Calidad de Vida de las Personas Dependientes entre los diferentes agentes sociales que están en contacto con ellas (profesionales del cuidado, familiares y organismos públicos) mediante la investigación, creación y difusión de nuevos métodos de cuidado que promuevan sus derechos fundamentales y favorezcan la orientación de los centros sociosanitarios hacia el cuidado individualizado y personalizado, es decir, centrándose en las necesidades, deseos y preferencias de las personas mayores a las que cuidan, entre las cuales, seguramente, no se encuentra el estar sujetos.

Para lograr esto, y con el fin fundamental de reducir y eliminar el uso de sujeciones,la Fundación desarrolló la Norma Libera-Ger, que establece los principios generales que permiten implantar y evaluar el Sistema de Gestión y Control de Sujeciones Restrictivas en los centros de atención sociosanitaria.

Implantar esta norma supone comprometerse voluntariamente con la obligación social de respetar los principios fundamentales de la Carta de Derechos Humanos, garantizando unos cuidados DIGNOS, SEGUROS y RESPETUOSOS a todos los usuarios de la organización, mejorando así su Calidad de Vida.

Está claro que eliminar el uso de sujeciones y lograr modificar la cultura de cuidados actual no es un camino fácil, pero, como ya están comprobando los centros que están implantando la Norma Libera-Ger, el esfuerzo se ve recompensado con una notable mejoría para todos los implicados en el cuidado: las personas mayores ganan en salud y bienestar, y por consiguiente, en calidad de vida, ya que son cuidados desde sus propias necesidades, no desde las que el centro supone, y, lo más importante, desde sus preferencias. Esto es atención centrada en la persona. Las familias también salen beneficiadas, porque son integradas en el proceso de cambio de metodología, se las tiene en cuenta, y se las implica en los cuidados de su familiar, atendiendo sus ideas y, en definitiva, creando un equipo que trabaja conjuntamente por un mismo fin: el bienestar de su ser querido. Por último, los propios profesionales también notan mejoras, pues se sienten más satisfechos y motivados con su trabajo al percibirse parte de un grupo que le tiene en cuenta, y en el que todos y cada uno de los trabajadores son indispensables.

En definitiva, se trata de promover un cambio hacia una cultura de cuidados más empática, más generosa, que nos lleve a situar en primer lugar al otro, y no a nosotros mismos. Una cultura que nos conduzca a una sociedad más satisfecha y, por qué no, más feliz.

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Las otras Conferencias de Paz

La Federación de Empresarios de Atención a la Dependencia (FED) va a celebrar mañana en Valencia una jornada de reflexión sobre la situación del sector, después de haber suspendido el congreso anual que pensaba realizar esta semana.

Aunque va a haber 500 personas, el acto empieza a las 11 horas y dos horas más tarde se convoca a los medios de comunicación para informar de lo reflexionado. Parece ingenuo pensar que en dos horas se pueda consensuar una reflexión. Todo apunta a que los responsables de la FED van con los deberes hechos, no está mal, pero quizás habría que disimular un poco.

Lo que está claro es quienes son los más perjudicados por la situación que vive el sector: son los promotores privados que han hecho una inversión, cierto es que nadie les ha obligado, y que están viendo peligrar su negocio porque quien compra plazas, la administración, o no compra suficientes, o cuando compra no paga.

Al primer dato nada que objetar, la administración es muy libre de comprar lo que quiera, otra cosa es que deberá rendir cuentas a los ciudadanos si no ofrece suficientes servicios, pero ese es otro problema.

Lo que realmente es grave,  y creo que por ahí es por donde debe  apuntar su “queja” la FED, es que una vez que la administración compra algo tiene que pagar su precio. Y aquí hay que puntualizar dos cosas; por un lado el plazo de pago, que debe ser el razonable para no estrangular financieramente a los gestores del servicio, y por otra parte la cantidad, tiene que pagar lo que el servicio cuesta. Hay que exigir seriedad, si con lo que la administración paga no llega para cubrir los requerimientos que ella misma exige, habrá que reducir requerimientos. De esto ya hemos hablado otras veces, compra jamón y paga choped.

Hay otro debate que tendrá que esperar, no porque no sea interesante y de calado, sino porque ahora no procede y tiene que ver con el alcance del estado de bienestar, y en nuestro caso, sobre la pertinencia de continuar con un marco legislativo, la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a la Dependencia, que hay que replantearse. Cuanto antes empecemos a pensar en ello mejor.

Mucha suerte a la FED en esta conferencia.

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Florecen los retrasos e impagos

Hasta hace unos meses, rara era la Comunidad Autónoma en la que no hubiese quejas sobre los retrasos en los pagos por parte de la Administración Pública a centros residenciales privados y gestores de Ayuda  a domicilio o Teleasistencia, aunque estas quejas no iban más allá de los foros profesionales.

Las elecciones municipales hicieron de muro de contención de una situación que estaba haciéndose insostenible para muchas empresas y una vez incorporados los nuevos responsables políticos en Ayuntamientos y Comunidades Autónomas da la sensación de que la presa se ha roto.

Si tuviésemos que hacer un ranking de morosos, Andalucía, Castilla La Mancha, Extremadura y la Comunidad Valenciana estarían a la cabeza. Un ranking compartido al igual por Comunidades Autónomas y Ayuntamientos que están provocando una situación insostenible ya que las entidades financieras llevan tiempo sin aceptar los reconocimientos de deuda que estas entidades firman como garantía para la concesión de créditos.

La solución para residencias y empresas de ayuda a domicilio, también alguna empresa de Teleasistencia, es complicada. Mientras que los primeros no tienen mucha más alternativa que mantener abierto el centro e intentar negociar con las administraciones públicas unos requerimientos inferiores de personal, la situación de las empresas de ayuda a domicilio, especialmente las más pequeñas, es aún más delicada.

Si la esto continúa así, es de prever que grandes grupos, más financieros que gestores, se irán haciendo con todo el mercado de ayuda a domicilio en aquellas comunidades en las que haya que financiar el servicio a la administración pública ya que los pequeños no pueden hacerlo y van a tener que ir vendiendo, o regalando, los contratos que tanto les costó ganar. Un panorama desolador que va destruir un tejido empresarial arraigado al territorio que podría dar paso a una concentración que en condiciones normales quizás no se hubiera producido, una lástima.

 

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